Y... bueno, ¿qué tengo que fingir, que no duele?. Mucho, es más, demasiado. Desde luego está claro que los mejores regalos son los que no se pueden tocar con las manos.
Ahora ya sí que sé como terminó el día. Mal, por supuesto.
Posteado por phestar en general a las 00:02